The New York Times blanquea la Operación Cóndor y refuerza versión oficial sobre muerte de Allende

The New York Times tiene un historial de referencias vagas sobre el papel de Estados Unidos en el derrocamiento de gobiernos y el asesinato de líderes extranjeros. Pero un artículo publicado en la edición del jueves por el reportero del Times, Simon Romero (“Latin America Brings Up Its Dead, Seeking Truth to Help Settle the Past”) supera el límite de la censura.
En más de 1200 palabras, el artículo describe la exhumación de los restos del poeta chileno Pablo Neruda, de los depuestos presidentes izquierdistas de Brasil, Joao Gourlart y Juscelino Kubitschek, del derrocado presidente Salvador Allende Gossens y de su predecesor, Eduardo Frei Montalva, todas ellas muertes que han sido vistas con sospecha por latinoamericanos. Romero se las arregla para mencionar sólo una vez el “posible” papel estadounidense y luego indirectamente, cuando dice que el presidente Gourlart fue sacado del poder en 1964 con un golpe “apoyado por EEUU”. Resultan ser las únicas referencias a Estados Unidos en todo el artículo.

Frente a la cantidad de información que ha sido expuesta a lo largo de los años, Romero menciona el programa de asesinatos de la Operación Cóndor sin señalar que fue orquestado o a lo menos promovido y facilitado por EEUU.

Los hombres del Cóndor

El Cóndor fue un vasto complot que involucró esfuerzos cooperativos de las agencias de inteligencia de todas las dictaduras militares de la región que, durante las décadas de 1970 y 1980, asesinaron a un aproximado de 35 mil a 50 mil personas, principalmente líderes de izquierda, sindicalistas y oponentes de dichas dictaduras.

Este lapsus es particularmente escandalizador considerando que el propio New York Times ha reportado la íntima participación de EEUU en la creación de la Operación Cóndor.

Por ejemplo, el 6 de marzo de 2011, el periodico informó sobre un documento “recientemente desclasificado” del Departamento de Estado norteamericano. Reveló que Estados Unidos facilitó las comunicaciones entre los jefes de los organismos de inteligencia del Cono Sur que trabajaban para eliminar a grupos izquierdistas de oposición en sus respectivos países. Parte del programa involucró la persecución de líderes opositores que había escapado de los golpes y vivían en países vecinos de Sudamérica.

El documento en cuestión, un cable de 1978 dirigido al entonces Secretario de Estado de EEUU, Cyrus Vance, por el embajador de EEUU en Paraguay, Robert E. White, fue caracterizado por el profesor J. Patrice McSherry de la Universidad de Long Island como “otra pieza de evidencia incrementalmente dura que sugiere que el Ejército y oficiales de inteligencia de EEUU respaldaron y colaboraron con el Cóndor, como su socio o patrocinador secreto”.

En este cable, el embajador White refiere a una conversación que tuvo con el jefe del Ejército paraguayo, el general Alejandro Fretes Dávalos, diciendo que le informó que los organismos de inteligencia sudamericanos involucrados en la Operación Cóndor “se mantuvieron comunicados unos con otros a través de una instalación de comunicaciones de EEUU en la zona del Canal de Panamá, que cubre toda América Latina”. Esa estación de comunicaciones, escribe, era “empleada para coordinar información de inteligencia entre los países del Cono Sur”.

White, en este memorándum a Vance, expresa sus temores de que el rol de Estados Unidos en la Operación Cóndor pueda ser revelado durante la investigación criminal del asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier y su colega estadounidense, Ronni Moffitt, ambos muertos por un aparato explosivo instalado en su vehículo en la ciudad de Washington. “Parece aconsejable”, escribe White, “el revisar este acuerdo para asegurar que su continuación esté en el interés de EEUU”.

Otro documento descubierto en el mismo período, esta vez un cable de la CIA sobre el papel de la Junta brasileña en la Operación Cóndor, refiere a “Cóndor-Tel”, que se describe como una “red de comunicaciones establecida por los países del Cóndor”. También refiere a ciertas “operaciones europeas” de los países del Cóndor, que incluyeron complots de asesinatos contra líderes depuestos y activistas en el asilo, poco después de abandonar sus tierras.

El tango del Times

El acercamiento completo tomado por el periodista del Times, Romero, con la aparente cooperación o promoción de los editores extranjeros del diario, pretende mostrar las actuales exhumaciones de importantes cadáveres de izquierdistas (ocurridos entre 2004 y 2013), los de Neruda, Gourlart, Kubitschek y Frei, como parte de una especie de tradición cultural arcana de Latinoamérica. Se trata de una “fiebre de exhumaciones”, plantea, llegando al extremo de escribir que “la práctica puede ser la continuación secularizada de las costumbres de la época de los primeros cristianos, cuando un comercio vibrante involucraba las partes corporales de los santos”.

Ninguna de estas exhumaciones, sin embargo, tiene que ver con la venta de partes corporales. Se trata de buscar evidencia sobre importantes figuras políticas de izquierda, supuestamente muertas por causas naturales u otras circunstancias extrañas, que bien podrían haber sido asesinadas en complots ligados a Estados Unidos y su Agencia Central de Inteligencia (CIA). Romero no dice nada de esto.

En el caso del presidente Frei Montalva, por ejemplo, quien fuera presidente de Chile hasta la elección de Allende, su muerte en 1982 ha sido oficialmente atribuida a complicaciones por una operación. Pero el hecho de que el demócrata cristiano fue un crítico audaz del reinado militar de Augusto Pinochet, el general que lideró el golpe contra Allende, ha generado sospechas de que fue asesinado. En realidad, reporta Romero, después de que su cuerpo fuera exhumado, los expertos forenses concluyeron que Frei había sido envenenado por dosis pequeñas de gas mostaza y talio, un metal pesado altamente tóxico.

Lo que Romero no dice es que en 1982, bajo la presidencia de Ronald Reagan y la dirección de la CIA de William Casey, la Operación Cóndor estaba en su máximo esplendor. Es improbable que Pinochet, una marioneta de Estados Unidos cuyo golpe de 1973 fue incitado por el asesor de Seguridad Nacional de Nixon, Henry Kissinger, haya matado por sí mismo a Frei sin el permiso de EEUU (incluso cuando Romero menciona el golpe de 1973 en Chile, omite señalar que EEUU tuvo un rol activo en fomentarlo).

También se ha dicho oficialmente que Gourlart murió de un ataque al corazón en 1976, cuando vivía en el exilio en Argentina. La exhumación de su cuerpo pretende determinar si fue envenenado o no. Mientras Romero explica tal preocupación, falla en precisar que los principales sospechosos de su eventual asesinato son el Cóndor y, por extensión, la CIA.

Aumentando la desinformación

The New York Times ha censurado por mucho tiempo su cobertura de Latinoamérica, en especial cuando se trata de acciones encubiertas realizadas por Estados Unidos para socavar las democracias populares que Washington considera su “patio trasero”. Pero esta publicación en particular lleva la censura al nivel de lo absurdo.

El periodista omite, paralelamente al mencionar la reciente exhumación del cadáver del líder palestino Yasser Arafat, quien murió misteriosamente por “causas naturales” en 2004, que expertos suizos encontraron rastros de polonio, un elemento raro y altamente tóxico, en sus prendas. Dicho hallazgo, dado a conocer en una respetada publicación médica inglesa, el Lancet, aumenta la probabilidad de que Arafat fuera asesinado. Sólo un limitado número de agencias de inteligencia tienen acceso al polonio. La lista incluye a Estados Unidos, la Unión Soviética e Israel, el último de los cuales ha expresado claramente su disgusto hacia Arafat, al punto de haber amenazado en 2002 con bombardearlo.

No debe sorprender que Romero, un corresponsal de larga data del Times emplazado actualmente en Brasil, escriba un artículo tan descaradamente censurador sobre la historia de la acción encubierta de EEUU en América Latina. Romero también escribió una absurda historia basada en datos de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), mostrando que Venezuela se había convertido en una amenaza militar regional pese a que la “Fairness Accuracy in Reporting” indicó que el Ejército venezolano era superada en ese momento por Colombia y Brasil, y que representaba 1/500 del tamaño del Ejército estadounidense.

Para darle a Romero lo que merece, no obstante, el problema es más grande que un reportero. Ablandar las horrendas hazañas de Estados Unidos no es algo nuevo y no está limitado a un reportero del Times. Usar la “tradición cultural” para explicar por qué alguien querría exhumar a figuras populares que murieron bajo circunstancias sospechosas recuerda a un artículo anterior del Times en el que el autor usó la pseudopsicología, incluso la neurología, para explicar por qué ciertas personas creen en “conspiraciones”.

Cuando se trata de asesinatos políticos que subyacen a la mayoría de las exhumaciones mencionadas, no hay forma de evitar observar lo que parece ser una omisión deliberada del potencial patrocinio estadounidense. Que la revisión de los hechos ocurra en tiempos en que el sentimiento anti-estadounidense aumenta en muchos países latinoamericanos que buscan reparación y justicia no puede ser ignorado. Mientras lamentamos estas trágicas muertes podríamos agregar otra en Estados Unidos: la lenta muerte del periodismo honesto. Es tiempo de exhumar la verdad, en todas partes.

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Fuente: VerdadAhora

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