Pueblo español: es hora que perdáis toda esperanza

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La reciente noticia que el Gobierno español tiene la determinación de que el autoconsumo energético —producir tu propia energía mediante paneles fotovoltaicos o minieólicos y consumirla en el momento—, se implante de forma muy controlada y sin perder de vista “la compleja situación económica” que afecta al sector eléctrico nos da pistas categóricas de cómo el estado español se halla dispuesto a perjudicar a sus ciudadanos en beneficio de las empresas. Y si a ésto sumamos, que según muchos expertos, ante tal ceguera de los estados, se aproxima el colapso total del sistema actual o ‘momento Minsky’, el panorama, no pinta nada bien.

El borrador del decreto de autoconsumo —esperado ansiosamente por numerosos consumidores para ver si se podían ahorrar unos euros en su factura— ha incluido un peaje, denominado “de respaldo”, que sube la tarifa de quienes lo utilizan. Uno de los grandes miedos de las eléctricas es que la autogeneración se descontrole y el sistema actual colapse. Las cuantías de los primeros peajes de respaldo se incluyen en el borrador del decreto elaborado por el Ministerio de Industria. Según cálculos de la Unión Española Fotovoltaica (Unef), el peaje de respaldo que se pagará por generar energía en un domicilio será un 27% más alto que si se opta por el consumo convencional y se abona el peaje por el uso tradicional de la red.

De esta forma se protege a las compañías eléctricas cuyo gran miedo es que se desestabilice el consumo eléctrico (por no decir desaparecer).  El Gobierno en contra de lo que la lógica dicta, se ha propuesto sepultar la industria foto-voltáica, ahora que es más necesaria que nunca) en un pozo sin fondo, en algún momento del 2010 alguien ha decidido privatizar el sol….si, has leído bien, en España totalmente al contrario de Europa, se impone un peaje a quien genere electricidad y la inyecte a la línea… en vez de recibir ganancias, pero eso no es todo, si te pillan recogiendo fotónes de luz solar para tu propio consumo te puede caer una multa de 30 millones de euros. Tal cual si de una droga se tratara. Cometer el sacrilegio de ser independiente energéticamente puede costar muy caro, el sol ahora es sólo para unos pocos privilegiados y las compañías eléctricas en las cuales están de consejeros ex-presidentes y ex-ministros del partido dualista ppsoe.

 “La Unión Española Fotovoltaica (UNEF), que agrupa a unas 300 empresas y representa a un 85% del sector, asegura que, de implantarse estos cambios, sería más caro el autoconsumo solar que recurrir al suministro convencional.”

 “Se impide el ahorro a los consumidores y se paraliza la entrada de nueva competencia en el mercado eléctrico”

Así que si estabas pensando que con esta falsa crisis provocada, la mejor opción era precisamente tener unas placas solares que bajaron un 80% su coste y tener la oportunidad de desconectar de la red eléctrica y su factura estafa, ya puedes ir olvidándote.

El duro regreso al Tercer Mundo

Si bien la noticia de la nueva normativa eléctrica es solo una más entre cien malas noticias en cuanto a la economía que tienen que sufrir el pueblo español, me parece que esta tiene una fuerza icónica.  Resalta de inmediato la postura del gobierno, esto es la idea de perjudicar a los ciudadanos en beneficios de las grandes empresas.  Es como si dijera: “la economía anda mal y puede que algún día todo se venga abajo, pero ese día no llegará antes que extraigamos hasta la ultima gota de sangre de cada hombre, mujer y niño español”.

Así como están las cosas, la prolongada crisis en España no es más que la dolorosa transición que va de ser una desarrollada nación europea a un país del tercer mundo.  El regreso a la era preindustrial, donde los ciudadanos usan velas en vez de bombillas eléctricas y comen sopa (llamarlo sopa es una gentileza) una vez al día como único sustento.  Así, el pueblo español debe aprender a mirarse al espejo y reconocer su nueva cara.  Ya no tiene sentido lamentar que los políticos corruptos y banqueros descarados hayan echado por la borda al país entero y es momento de aprender a vivir en un mundo completamente nuevo.

Si tuviese que pensar en una suerte de manual o libro de supervivencia para esta nueva etapa, tendría que pensar en el País de las últimas cosas, de Paul Auster.   Los españoles podrían comprar este libro con sus últimos euros (antes de volver a la peseta de hecho), y aprender que la dura transición lo será aún más mientras el pueblo continúe en negación y crean que alguna vez saldrán de la crisis.  Esta crisis en realidad, no es más que una prolongada mutación que acabara con la nación de vuelta a la Edad Media, aunque vale la pena recordar (a modo de consuelo) que son muchos los países en el mundo, sino la mayoría que han vivido desde siempre idéntica realidad.

Se aproxima el momento Minsky: la llegada del colapso total del sistema

En su época, el economista Hyman Minsky (1919 – 1996) no logró ser tomado en cuenta, pese a entregar las claves de los ciclos económicos y advertir seriamente de las catastróficas consecuencias de una economía mundial expuesta a merced de los especuladores. En 1974 Minsky advirtió que los ciclos económicos podían significar una bomba de tiempo. Minsky, seguidor de Keynes, y enemigo de las desregulaciones que por esos años comenzaba a promover Milton Friedman, advirtió que la economía podía ser arrastrada al abismo si los gobiernos no construían sólidas defensas para la estabilidad financiera.

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Minsky advirtió que en tiempos de prosperidad se desarrolla una euforia especulativa que hace aumentar el volumen de crédito hasta que los beneficios producidos no pueden pagarlo. Y este momento del impago es el que desata la crisis. El resultado es una contracción del préstamo, incluso para aquellas empresas o personas que sí pueden pagarlo, momento en que la economía entra en colapso.

Minsky fue ridiculizado por Friedman y Hayek, quienes a la postre ganaron el premio Nobel y tomaron las riendas del mundo. Así y todo, este keynesiano radical argumentó que las oscilaciones eran inevitables en una economía de mercado, a menos que los gobiernos intervinieran fuertemente para evitar el descontrol excesivo. Por ello se opuso tenazmente a las desregulaciones que marcaron la tónica de los años 80. Pero nadie quizo escuchar sus advertencias. Murió en 1996, un año antes del inicio de la crisis asiática, que fue un tibio preámbulo de lo que estamos viviendo ahora.

El momento Minsky, es el momento en el cual comienza a desplomarse el gigantesco esquema ponzi levantado en el período de la euforia (1980-2007), que se desploma como un alud generando una reacción en cadena de impagos. Es un período de enorme inestabilidad provocado justamente por un largo período de estabilidad aparente en el cual todos los que se creyeron el cuento se arriesgaron más de la cuenta en la toma de riesgos crediticios. Minsky sugirió tres tipos de deudores, cada vez más riesgosos:tipo 1: el deudor completamente cubierto que puede satisfacer todos los pagos de la deuda con sus flujos en efectivo; tipo 2: el deudor especulativo, que podrá cumplir con el pago de los intereses pero sin amortizar nada del principal; y tipo 3: el deudor ponzi, que ante cualquier caída no podrá pagar ni siquiera los intereses dado que se basa por completo en el aumento de los precios de los activos para seguir refinanciando la deuda.

Cuanto más se desplace la economía hacia los prestatarios del esquema ponzi, mayor será el castillo de naipes, y mayor el estruendo de la caída. Por eso, y a propósito del artículo que escribió Onésimo Ahora la culpa la tienen los especuladores, aclaro que llamo especuladores a esta tercera categoría, sin dejar de sorprenderme de la facilidad con se defiende este esquema que tiene al mundo al borde del abismo, y que hasta el momento tiene un solo detenido: Bernard Madoff, que aplicó el modelo en escala micro.

Para profundizar un poco en el tema, gran parte de esta especulación se realiza vía derivados. El mercado de los derivados se encuentra actualmente en 600 billones de dólares (US$600.000.000.000.000), es decir, diez veces más que todo el PIBmundial, que fue de 58 billones de dólares el año 2009. En los derivados está el gran casino financiero y en él se apuesta diez veces más que todo lo que se produce en el mundo. Este mercado depende de las tasas de interés, y del precio de los activos. Con tasas de interés bajas como las que tenemos ahora (en torno al 0%), y con una caída brutal en el precio de los activos, basta un pequeño movimiento para que hasta los deudores tipo 1 se vean en serias dificultades para cumplir sus pagos. Y, como bien dice Onésimo “no hay que ser un genio financiero para ver que los números no calzan”. Es así de simple: estamos sobre un volcán a punto de erupcionar.

Entre mayo y junio, los compromisos de pago de estos derivados son de 5 billones de dólares. De ahí la urgencia y el nerviosismo de los mercados. En agosto de 2008, un mes antes de la quiebra de Lehman Brothers, escribí un modesto artículo: Banca mundial sufrirá profundo impacto en septiembre. Esta vez no sólo la banca, sino que muchos Estados, gobiernos, municipios, Unversidades, agencias de seguro y empresas sufrirán un profundo impacto. Como señala Jerome Corsi, con los datos del Banco Internacional de Pagos, la burbuja de los derivados desatará una crisis monstruosa. Ya lo he dicho: lo que hemos vivido hasta ahora es sólo la punta del iceberg. Por eso culpar a los carteristas del último cuarto de hora es una pérdida de tiempo. Hay que ir más allá.

Como lo he señalado en varios artículos, la teoría macroeconómica convencional no tiene elementos para explicar la crisis que estamos viviendo. Es como pretender defenderse de la fiebre porcina con un matamoscas. Por eso que las ideas de Minsky cobran relevancia, mientras todas aquellas otras como la teoría del ingreso permanente(Friedman), la teoría de las expectativas racionales (Lucas) o la hipótesis de los mercados eficientes (Fama), han entrado en completa contradicción quedando desarticuladas y obsoletas. La teoría macroeconómica se encuentra a la deriva, y lo que estamos viviendo es el momento Minsky en toda su magnitud. La avalancha de los derivados se nos viene con todo. Ahora sabrá lo que es el “esquema ponzi”.

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