Una desaladora ‘Low cost’ que no necesita electricidad

En marzo de 2012, la Organización Mundial de la Salud declaró cumplido el objetivo de reducir a la mitad la cantidad de personas sin acceso a agua potable antes de 2015. Se consideró un logro digno de celebración, y el secretario de la ONU, Ban Ki-moon felicitó a todos los pueblos y agentes locales que habían trabajado a nivel regional para que esto ocurriese. Sin embargo, según la propia ONU, 783 millones de personas (un 11% de la población mundial) sigue sin contar con un suministro estable de agua potable. El trabajo, por tanto, no ha terminado.
Uno de los obstáculos que se alzan imponentes en el camino es la falta de recursos económicos necesarios para construir sistemas de alcantarillado, plantas de tratamiento de aguas, sistemas de potabilización, redes de cañerías y todas las demás infraestructuras que aseguren un suministro saludable, constante y organizado. Muchas soluciones al problema están apareciendo en forma de proyectos pequeños que apuestan por el ingenio ante la falta de recursos.

Energía solar para desalar el agua

Eliodomestico es una de ellas. Se trata de una destiladora solar low cost para potabilizar agua salada. Su funcionamiento, escribe su creador, el diseñador industrial Gabriele Diamanti, es igual al de una cafetera, pero a la inversa: el depósito superior se llena de agua por la mañana, y se deja al sol.

Durante el día, los rayos solares calientan el depósito, haciendo que el agua se evapore poco a poco. La presión va aumentando en el interior, obligando al vapor a descender por un pequeño conducto hacia el depósito inferior. Este se encuentra protegido del calor solar por una cubierta exterior, de forma que sus paredes están más frescas. Ahí es donde el agua vuelve a condensarse, mientras que la sal y otras partículas que hubiese en el agua habrán quedado en el primer compartimento.

Tal y como explica Eduardo García-Junceda, director del Instituto de Química Orgánica-CSIC, este proceso es similar al ciclo natural que sigue el agua en nuestra atmósfera, que se evapora del mar y vuelve a condensarse en forma de precipitaciones cuando las condiciones de temperatura o presión son las propicias.

“Este invento será ineficaz allá donde el agua esté contaminada con sustancias volátiles que también se evaporen, pero sí quedarán atrás partículas sólidas como la sal o las bacterias”, asegura García-Junceda.

Materiales comunes y técnicas sencillas

El artefacto tiene capacidad para unos cinco litros. Esto significa que puede servir para abastecer a una familia, más bien a una pequeña, aunque difícilmente podrá dar suministro a una comunidad más grande.

Precisamente porque serían necesarias varias unidades para que las comunidades a las que está destinada puedan aprovechar su potencial, la verdadera clave no está en su capacidad, sino en sus costes, tanto de fabricación como de mantenimiento.

Pensando en hacerlo accesible a quien más puede necesitarlo, Diamanti creó el Elidomestico utilizando materiales fáciles de conseguir en las regiones menos desarrolladas: barro o metales reciclados mejor que plásticos y otros compuestos. Utilizó técnicas tradicionales como la alfarería o la mecánica más básica, de forma que pueda ser fabricado directamente por sus usuarios. “Eliodomestico no utiliza electricidad, ni filtros. Eso hace que su mantenimiento sea mucho más fácil”. Además, es respetuoso con el medio ambiente.

Un proyecto ‘open source’

Por otra parte, Diamanti cuidó de que su invento fuese atractivo y fácil de usar. Además, ha liberado los planes y todos los detalles, de forma que cualquiera pueda construirlo o modificarlo según sus necesidades.

“Por ejemplo, el recipiente donde se recolecta el agua ya purificada tiene la forma ideal para ser transportado sobre la cabeza, como es la costumbre en África subsahariana y otras partes del mundo, pero esto podría cambiar y adaptarse a la cultura de una comunidad diferente”. La idea es impulsar su uso en todo el mundo.

Diamanti ha publicado los planos en internet, bajo una licencia similar a la famosa creative commons que marca muchos contenidos en internet: solo pide que se le atribuya la autoría, que se comparta cada variación hecha a partir de su diseño y que no se busque un lucro con ellas. A cambio, recibe donaciones económicas con las que busca seguir mejorando su invento.

Fuente: ElConfidencial

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