Una niña podria albergar el secreto de la eterna juventud.

Es posible que la clave de la inmortalidad se esconda en este delicada niña, de sólo 76 centímetros y siete kilos. Cuando Brooke Greenberg quiere a su madre, estira sus pequeños brazos y sacude su cabeza. Tiene genéticamente la edad de un niño de 11 meses, pero en Enero Brooke, cumnplirá 18 años. Melanie Greenberg -su madre- la toma entre sus brazos, es madre de cuatro hijas, de las cuales Brooke es la tercera.
Otras niñas de su edad están conduciendo coches, o saliendo a bailar, pero para Brooke, es como si el tiempo se hubiese detenido. Mental y físicamente, la niña sigue teniendo el nivel de un bebé de 11 meses! “Brooke es un milagro” dice Howard, su padre. “Brooke es un misterio”, dice Lawrence Pakula, su pediatra, en cambio, para Richard Walker “Brooke es una oportunidad”, genetista de la Universidad de South Florida. Lo que quieren decir es que esta pequeña podría contener la respuesta a un misterio humano.
En juego está nada menos que la inmortalidad: Brooke aparentemente no envejece, no tiene problemas hormonales y sus cromosomas parecen normales. Pero Walker dice que su desarrollo es “extremadamente lento”.

Si los científicos pueden averiguar qué está causando el ‘desorden’, podría ser posible descifrar los misterios del envejecimiento.

Walker espera,simplemente, eliminar enfermedades relacionadas con la edad, como el cáncer, la demencia y la diabetes. Su razonamiento es que las personas que ya no envejezcan no seguirán enfermándose. Pero piensa también que es concebible una vida eterna.

“La inmortalidad biológica es posible”, dice. “A menos que te atropelle un coche, o te golpee un rayo, podrías vivir a lo menos 1.000 años”.

NACIMIENTO PREMATURO

Brooke Greenberg nació prematuramente el 8 de enero de 19p3 en Baltimore, Maryland. Pesó al nacer sólo 1.800 gramos. Pronto quedó claro que no era normal.

Casi todos sus sistemas orgánicos se encontraban alterados. Sus caderas estaban dislocadas, por lo que sus piernas apuntaban hacia sus hombros. Los primeros seis años fueron una tortura para ella y sus padres. Hubo que insertarle un tubo de alimentación gástrica. A los 4 años cayó en un coma de 14 días.

Luego los médicos le diagnosticaron un tumor cerebral, lo que resultó incorrecto. Pero lo más sorprendente de Brooke es que casi no envejece. Su cuerpo dejó de crecer cuando tenía dos años de edad. No ha crecido un centímetro ni ganado un gramo.

Pakula (77), su pediatra, le inyectó hormonas del crecimiento, pero no pasó nada. Estudió la literatura médica y consultó a especialistas de todo el mundo, “pero ella no calzaba con nada que ningún médico había visto antes”.

Los Greenberg esperaron y confiaron (un año, dos años, 10 años) pero nada ocurrió. Los rasgos faciales de su hija han permanecido sin cambios. No hay señales de pubertad. Sólo el cabello y las uñas de la niña están creciendo normalmente.

Richard Walker, profesor retirado de medicina y especialista en biología del crecimiento, supo de Brooke Greenberg por primera vez en 2005.

“Pensé de inmediato que tenía una mutación única en los genes clave que controlan el desarrollo y el envejecimiento”, dice. Convenció al padre de que le permitiera toma una muestra de la sangre de Brooke para estudiar su composición genética. Sus resultados son tan desconcertantes como fascinantes.

“No hemos encontrado nada inusual hasta ahora”, dice Walker, “pero eso no fue una decepción; en realidad fue un incentivo para seguir investigando”.

El profesor dice que la singularidad de la niña radica precisamente en el hecho de que su material genético parece normal, mientras ella obviamente no lo es.

“Diferentes partes de su cuerpo se están desarrollando a diferentes ritmos, como si no fueran una unidad sino partes de organismos separados”, explica Walker.

Cree que hay una sola explicación: una falla de los genes de control central. Normalmente, un programa genético cuidadosamente orquestado permite el crecimiento de una pequeña célula en un cuerpo adulto.

Pero si este plan maestro se altera, la maravilla del crecimiento se trastorna. Walker cree que esto es precisamente lo que ha pasado con Brooke.

Los genes que desempeñan un rol importante en el desarrollo físico se encuentran inactivos o son defectuosos. “Si identificamos esos genes, podríamos poder entender el desarrollo y consecuentemente el envejecimiento del cuerpo”, dice el científico.

UNA TEORÍA EXCÉNTRICA

“El envejecimiento ocurre cuando los genes del desarrollo quedan sin información útil y por consiguiente generan caos”, dice Walker.

Su idea consiste en desconectar los genes maestros del desarrollo. Espera que esto detendrá el proceso de envejecimiento. Si Walker está en lo correcto, las consecuencias serán dramáticas.

Un cuerpo manipulado de esta manera ya no seguirá cambiando sino realizando solamente trabajos de reparaciones.

La vida eterna estaría al alcance. (…) Walker dice que muchas personas imaginan que la vida eterna sería nada más que privaciones y senescencia.

“Pero no sería así”, afirma. Idealmente, el desarrollo sería detenido justo después de que una persona llegue a la madurez sexual.

¿Y las consecuencias sociales? ¿A quiénes se les permitiría vivir para siempre y a quiénes no? ¿A quiénes se les permitiría tener hijos? Walker duda.

“Estas son preguntas éticas, no preguntas científicas”, dice. “Estos serían argumentos de filósofos y sacerdotes”.


Pero Walker no cuestiona la crítica. Su teoría es en cierto sentido seductora.

Mientras biólogos como Aubrey de Grey buscan enfrentar los múltiples síntomas del envejecimiento, Walker quiere simplemente terminar con éste. (…) Para probar su teoría, Walker necesita a personas como Brooke, en quien fallan los genes maestros del desarrollo.

Ya ha descubierto dos casos similares. Gabrielle K,, de Montana, nacida el 15 de octubre de 2004, tampoco parece estar envejeciendo en absoluto.

Al mismo tiempo, sus cromosomas, igual que los de Brooke, parecen completamente normales.

Nicky Freeman, un hombre de 40 años de edad que parece estar atrapado en el cuerpo de un niño, vive en Esperance, en Australia occidental. Se estima que su edad biológica es de 10 años.

¿Pueden Gabrielle o Nicky mostrar el camino a la fuente de la juventud? Walker no lo sabe todavía. Por el momento, su atención se centra en Brooke.

Quiere secuenciar el ADN completo de la niña con expertos de la universidad de Duke. Si encuentran mutaciones en la conformación genética de Brooke, Walker piensa identificar los genes correspondientes en ratones de laboratorio y luego bloquearlos.

Esta niña podría tener el secreto de la eterna juventud
Su razonamiento es que si los genes genéticamente manipulados se mantienen jóvenes, los investigadores habrán de hecho detenido su desarrollo. “Brooke posee la clave para todo”, dice Walker.

Fuente: Taringa

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